viernes, 29 de octubre de 2010

ODA PROFESORA

                                                                               I.
Acaricio en vida su obra, agradezco con ternura y literatura la entrega, a la dama, a la anfitriona, añoro las palabras dichas con suavidad y yo con terquedad no lucía la entereza de esa entrega, ahora con antaño, reflejo en acciones y fachadas relucientes, lo que algún día salió de su diente.
Mire Ud., la que le dije buenos días señorita, aquí presente, permiso para ir al frente, permiso para hacer lo que no debía hacer, en este día con años de  memoria , saco en alegría la mejora, el mantel y las copas de moda, para decirle en esta oda, gracias profesora, a la que un día me enseñó, ofreciéndome sin reparo la cordial sonrisa, la enseñanza precisa, que hoy mirándome a mí, su obra feliz, con aciertos y tristezas, venga a recordar lo que en su andar nos llevó y entregó, habló de mí, me defendió –yo escuché cómo lo dijo- él no lo hizo, lo conozco como si fuera mi hijo.
                                                                                   II.
En un tren, esos hechos de cabezas y miradas atentas, recorre como lechuga las palabras, instrucciones y las tejas que hicieron luz en mi cabeza, ese tren con su locomotora y conductora, lloró más que un día, por la tardía reparación que hizo en su acción un niño o alumna, sin ocultar su columna, una fechoría o tontera, que alteró el orden y petitorio, que ella, la señorita, la profesora pedía.
                                                                                   III.
Qué paciencia tiene su mirada, su estampa, en su voluptuoso enseñar, acarreó vibras, cotizó sueños, edificó anhelos, regaló consuelos, una palabra la precisa, hacía de un inicio un buenos días, con gotas milagrosa, brotaban empeñosas las ganas, cómo Ud. reunía los montes, a  estos monjes y monjitas, que mas bien angelitos risueños parecían, cómo logró sin maldad y sana voluntad, juntar en alegoría, esa inquietante juventud que por todos lados nacía.
Como extraños no nos miraba, como ajenos no nos miraba, en cambio como hijos nos tomaba, qué rabias pasó, qué alegrías sufrió, ahora entiendo la vocación, ahora entiendo todo lo que nos entregó.
                                                                              IV.
Nos dio un diálogo que nos hizo pensar, nos dio un abrazo que nos hizo alzar, nos dio su consejo, nos dio su voz, nos dio su rezo, nos dio caminar, nos dio todo, nos dio lo más esencial, nos dio entereza y voluntad, nos dio su franqueza, nos dio con profundidad la marca de su convicción, nos dio riquezas esa hechas de puro amor.
                                                                             V.
Un besito de galanes, un besito de conquistadoras, un besito de soñadores, un besito para ensalzar su voz, un besito para atorar el inmenso abrazo que le queremos dar, le escribo a la dama, le escribo a la gestora, le escribo a Ud. para que nunca se olvide que fue  y será siempre nuestra profesora.

No hay comentarios:

Publicar un comentario